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Las Cooperativas que fueron creadas para dar trabajo
a familias postergadas o expulsadas del mercado
laboral han contribuido no solo a dignificar la
calidad de vida del vecino que hoy cuenta con
una fuente de trabajo, sino que además
hay una visible mejora en todas las localidades.
Desde
el inicio de la gestión de Giustozzi, cientos
de personas se dirigieron al Municipio para inscribirse
y conseguir trabajo. Hoy, agrupados en cooperativas,
la dinámica marca el compromiso y la responsabilidad
de quienes confían en esta iniciativa como
un mecanismo para la justa reinserción
social de toda la ciudadanía.
El
permanente trabajo trae sus consecuencias: el
desgaste lógico de los recursos materiales.
Las cooperativas deben periódicamente cambiar
o arreglar las herramientas y la Secretaría
de Producción cuenta con un depósito
donde diariamente los presidentes de las cooperativas
van a retirar material de trabajo.
Así,
cada día se los puede ver desfilar por
el denominado pañol municipal.
Allí retiran palas, cucharas, fratachos,
tarros pinturas, pinceles, desmalezadotas, antiparras,
guantes, bolsas para residuos, repelentes para
insectos y las emblemáticas pecheras y
gorros amarillos de la Secretaría de Producción
municipal.
Héctor
Emmerich, presidente de la Cooperativa Paz Pan
y Trabajo estuvo en el depósito para retirar
parte de las herramientas para su cooperativa.
Tengo 75 años y una jubilación
de 750 $ que no alcanza para cubrir los gastos
primarios. Para mí, como para mucha gente,
estar en la cooperativa es resolver el problema
de la falta de trabajo. Estamos contentos, trabajamos
contentos; nos gusta lo que hacemos, mejorar el
barrio, ayudar a cambiar el distrito. Yo nunca
imaginé volver a tener trabajo y este programa
es para todos. Es una manera de hacer justicia
social.
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